Recordando a Carl Sagan

Incluso, nuestra increíble galaxia se veía irrisoria, insignificante, entre tantas, flotando en las dimensiones inconmensurables del Universo. Costaba, cuesta, ¡y seguirá costando!, interpretar su tamaño. Lo cierto es que este hombre de ciencia, nos aportaba más elementos que una noche estrellada para figurarnos la magnitud del lugar que habitamos. De nuestra casa. Y nos hacía pensar.
Las medidas astronómicas salían de nuestros criterios habituales. En el aula se habían armado rondas de debates: ¿es posible que estemos solos ?, ¿le faltó ideas al creador?, ¿o tizas?. ¿Existe un creador?
Con doce o trece años teníamos toda la vida por delante para investigar, leer y aprender.
Este científico de Brooklyn había logrado entusiasmar al alumnado de un país muy alejado al suyo. Su imagen no parecía la de un científico. Se lo veía relajado, sonriente, trasmitiendo su natural encanto por la astronomía. Alguien dijo con razón que mientras la religión trata de interpretar el amor de Dios, la ciencia busca interpretar su sabiduría.
A veces miro el cielo y me pregunto a dónde habrán ido a parar estos genios de la ciencia. Me gustaría tener un cañón muy poderoso y cargarlo con miles de cosas bellas, sólo para decirles “Gracias".
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