Juan Ignacio Gilligan

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Abrazando la incertidumbre

Abrazando la incertidumbre

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Itzhak Perlman es un músico israelí de enormes manos. Propicias para tocar instrumentos como el chelo, el contrabajo o el piano, pero nunca el violín. Sin embargo se transformó en uno de los violinistas más grandes de la historia.

El 18 de noviembre de 1994 Perlman entró al escenario para dar un concierto en el Lincoln Center de Nueva York. Caminaba lentamente, un paso a la vez; la parálisis que sufre desde niño le provoca enormes dificultades para moverse.

Cuando al fin llegó a su lugar dejó sus muletas en el suelo, aflojó los sujetadores de sus piernas y levantó el violín. Lo puso bajo su mejilla e hizo al director una seña para comenzar a tocar.

Algo anduvo mal. Una de las cuerdas de su violín se rompió. El ruido sonó como un disparo que atravesó la sala. Hubo un momento de exclamación y desánimo. Era evidente que el show del maestro se iba a postergar.

Pero el músico siguió en su asiento. Lejos de estar sorprendido, molesto o desanimado, hizo un gesto al director indicándole que comenzara nuevamente. Cerró los ojos y empezó de vuelta.  El resto de la orquesta hizo lo propio . “Tocó con tanta pasión, tanto poder y tanta pureza como nosotros nunca lo habíamos escuchado antes”, redactó un cronista presente.

La lógica indicaba que era imposible interpretar una obra sinfónica con solo tres cuerdas. Pero esa noche Itzhak Perlman rehusó aceptar esa lógica y abrazar la incertidumbre.

El mismo cronista escribió en su columna: “En un punto, eso sonó como si estuviera sacando el sonido de la cuerda que se había roto y consiguiendo nuevos sonidos que ellas nunca antes habían producido”.

Al termino del acto hubo un silencio monumental en el sala. Admiración, deslumbramiento, emoción, éxtasis. El público, unánime, se levantó y lo aclamó. La salva de aplausos llegó al escenario desde cada rincón del auditorio.

“Perlman sonrió, secó el sudor de sus cejas y esperó el momento oportuno para pronunciar: “Algunas veces la tarea del artista es descubrir cuánta música puede hacer con lo que aún le queda...”.

Aquella afirmación trascendental dejó en evidencia que siempre tenemos la opción de concentrarnos en lo que nos queda. No importa si la situación no es la ideal. Podemos aceptarla tal como se presenta y valernos de ella para crear una música maravillosa.


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